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miércoles, 21 de junio de 2017

LA ENERGÍA Y EL CULTIVO DEL HARA


Dos principios básicos


Hablaremos para empezar de los dos principios básicos en los que se basa la terapéutica y la filosofía oriental, expresados ya por escrito en épocas tan remotas como la primera mitad del primer milenio antes de Cristo, en el I Ching y el tratado de filosofía oriental Tao Te Ching (Siglo IV a.C. ).
Sus implicaciones terapéuticas se expresan detalladamente en el Nei Ching o Tratado de Medicina Interna del Emperador Amarillo, que todavía hoy en día constituye un texto fundamental para todas las artes curativas de Oriente; estos principios son:

Imagen relacionada1. El principio dinámico del Yin y el Yang: éstas son simplemente palabras para expresar las dos caras de la Unidad, las fuerzas opuestas pero complementarias que encontramos en todo ser y en todo proceso.

Las manifestaciones más primarias son el cielo o espacio, el día o la luz (Yang) y la tierra o forma, la noche y la oscuridad (Yin). El Yin y el Yang no existen independientemente, la existencia del uno lleva necesariamente a la existencia del otro, igual que no se podría concebir la luz sin la existencia de la oscuridad.

Todas las cosas contienen ambas fuerzas, aunque puede que una predomine más que la otra. Nuestra vida llena de actividad y ocupaciones, tiene una fuerza predominantemente Yang (activa, enérgica); sin embargo, cuando nos relajamos y tenemos más tiempo para la tranquilidad, la fuerza dominante es Yin (pasiva, receptiva). Lo ideal es conseguir un equilibrio entre ambas fuerzas.

Si observamos el símbolo, vemos que no es estático, sino que muestra un cambio rítmico  y fluido. El Yin, simbolizado por la porción negra, representa lo pasivo, receptivo, flexible, oscuro y frío. El Yang, representado en la porción blanca, simboliza lo activo, enérgico, firme, brillante y cálido.

La vida es un fluir constante de una naturaleza rítmica; la noche sigue al día, las estaciones cambian, las mareas suben y bajan, y también nosotros cambiamos desde el sueño nocturno a la actividad del día.


2. El principio del Ki, o energía vital: entre el Yin y el Yang se crea una vibración muy sutil, etérea y elevada, que constituye la energía básica del Universo, la fuerza vital. Tal fuerza se denomina Ki (Japón), Chi (China), Prana (India) y biolplasma o energía vital en la moderna ciencia occidental.

El Ki está en nuestro interior y a nuestro alrededor, siempre cambiante y seguidor de las leyes naturales del Yin y el Yang; es la energía vital que nos mantiene y nos alimenta. La energía precede a la materia de la misma manera que el pensamiento precede a la acción. La fuerza Yin, la fuerza Yang y la fuerza Ki crean todo lo demás.

Cuando los seres vivos ingieren comida, sus órganos descomponen los alimentos en unidades más sencillas, de modo que los elementos nutritivos (hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, azúcares, minerales, agua) puedan utilizarse en las miles de reacciones químicas internas que mantienen la vida. De modo similar, los seres vivos absorben el ki del Universo, mediante la respiración, o de la tierra, mediante los alimentos, y combinan ambos para formar la energía vital.

El Ki fluye tanto externa como internamente (bajo la piel, en los tejidos internos y en los órganos) a través de caminos definidos y ordenador que cruzan el cuerpo, denominados meridianos y canales. Los tratados afirman que la salud y la felicidad abundan cuando el Ki fluye libremente por estos canales de modo constante y ordenado, sin que haya demasiada actividad (Yang) o pasividad (Yin). El Ki, por tanto, vitaliza todas las células, tejidos, órganos y sistemas del organismo, integrando su funcionamiento.
Los puntos de Acupuntura son, desde el punto de vista tradicional, aquellos en los que sale a la superficie del cuerpo el flujo del Ki, actuando a modo de amplificadores que transportan la energía de un punto a otro.


Darse cuenta del Hara

En nuestro cuerpo, el gran centro de la armonía entre el Ki, el Yin y el Yang es el hara, localizado aproximadamente a dos dedos por debajo del ombligo y en el interior del cuerpo, siendo el centro de la energía vital. 

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En el hara reside la clave de la salud radiante de los antiguos sabios y, cuando se cultiva, se crea un gran almacén de energía ki. El cultivo del hara, representa aprender a absorber, acumular y concentrar el ki; por tanto, despertarlo y aprender a desarrollarlo en la primera parte del proceso de canalización de energía. Uno de los métodos más sencillos de despertarlo en por medio de una sencilla meditación ýoguica taoísta denominada respiración hara.

Puede practicarse de pie, sentando, tumbado, o en una serie que abarque las tres posiciones. Se puede usar cualquier posición de las manos que resulte cómoda, siendo fundamental que tanto los brazos como el resto del cuerpo estén relajados.

Para saber más sobre posturas de meditación y relajación pueden consultar el artículo de este blog "Pautas básicas de la relajación", publicado en diciembre de 2015.

Ahora, en la posición que hayas escogido, cierra los ojos para evitar dirigir el ki al exterior o ser distraído, y comienza a respirar lentamente expandiendo el pecho. Nota como se expanden los espacios entre las costillas al inhalar y luego exhala todo el aire. Tras una par de minutos, comienza a respirar más profundamente, centrando la atención el el hara.

Ponlo en práctica:


En este proceso meditativo tan básico, observaremos inevitablemente cómo nos libreamos de las tensiones físicas y emocionales que nos han impedido la absorción completa y el uso, tanto de la respiración como del ki. Con este ejercicio de respiración podemos relajar la tensión de nuestros órganos internos, que pueden estar tan tensos como nuestra musculatura.

1. Inhalar por la nariz: apoya la punta de la lengua en el paladar (para conectar la parte forntal y trasera del canal central de energía) e inhala suavemente, contando hasta 5 e imaginando o visualizando como la energía o ki desciende con la respiración llenando el hara. Nota como los pulmones se expanden hacia abajo al descender el diafragma, y como el abdomen se eleva y se expande hacia fuera.

2. Sostener el aire: tras la inhalación, mantén el ki en el hara contando hasta 5 con lentitud, Esto permite que la energía concentrada en el hara se acumule y se caliente. No debes sentir tensión física durante esta parte del ejercicio, simplemente dirige tu atención al hara y mantenla imaginando al ki acumulándose y desarrollando este centro.
Si te resulta muy difícil mantener el aire, puedes acortar el tiempo a 2 ó 3, o incluso eliminar este paso del ejercicio, para incluirlo cuando hayas adquirido un cierto entrenamiento en la práctica de la respiración.

3. Exhalar por la boca contrayendo el hara: la atención debe seguir concentrada en el hara, como si la consciencia se estuviera trasladando de la cabeza hacia el bajo abdomen. Despega la lengua del paladar y exhala lenta y suavemente por la boca, contando mentalmente hasta 5, mientras que contraes el abdomen para exhalar completamente el aire.

Puedes colocar las manos sobre el punto del hara, para notar como suben y bajan las manos a medida que exhalas e inhalas, e incluso puedes llegar a percibir el calor sobre esta zona a medida que vas profundizando en la respiración.

Mantén un ritmo constante, sin dejar pausas entre la inspiración y la espiración; cuando hayas logrado alcanzar el ritmo, puedes dejar de contar mentalmente hasta cinco, si así lo deseas. Mantén esta meditación por el tiempo que estimes oportuno, aunque es recomendable practicarla entre 15 y 20 minutos, al menos dos veces a la semana.

Después de esta meditación uno se siente generalmente en paz y con una sensación de frescura y felicidad; sin embargo, es posible que tras las primeras meditaciones uno se sienta un poco intranquilo o incluso malhumorado. Esto se debe a que se está expulsando el ki estancado que estaba encerrado en la estructura física y cuando se libera se experimenta a un nivel más consciente, mientras que antes se experimentaba a un nivel más subconsciente.

Tanto la expulsión como el desarrollo son necesarios, no se puede crecer sin dejarse ir.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La importancia de la respiración

Lo básico en torno a la Respiración


El llenado inicial de los pulmones que realiza un recién nacido produce cambios esenciales en nuestro sistema circulatorio: la sangre invade nuestros pulmones (hasta entonces casi vacíos y sin funcionalidad), los lados derecho e izquierdo del corazón se separan en dos bombas y los vasos especializados en la respiración fetal se cierran y se condenan (algunos de ellos se convertirán en ligamentos).

Este primer aliento es la respiración más importante y enérgica que realizaremos en nuestra vida, y la que marca nuestra independencia física y fisiológica.


La respiración se produce por un cambio tridimensional de forma de las cavidades torácica y abdominal, que es lo que hace que el aire entre por una diferencia de presión. Ambas cavidades comparten una importante estructura, el diafragma, que forma el techo de la cavidad abdominal y el suelo de la cavidad torácica.

En el contexto de la respiración, la cavidad abdominal cambia de forma pero no de volumen (se comporta como un globo lleno de líquido), mientras que la cavidad torácica cambia tanto de forma como de volumen (como un recipiente flexible lleno de gas).

Los elementos de la respiración


Los pulmones, órgano principal de la respiración, puede llenarse de aire gracias al movimiento de un grupo de músculos inspiradores, cuya vocación es la de crear espacio en el interior de la caja torácica y así obligar al aire a penetrar por la diferencia de presión.

Éstos, están adheridos a la cara interna de la caja torácica y al diafragma por medio de una fina membrana que los rodea denominada pleura. Las costillas por su parte, se articulan por detrás con la columna vertebral (D1 a D12) y por delante con el esternón, lo que les permite disponer de cierta movilidad (movimiento en asa de cubo).




Como dijimos, hay una familia de músculos inspiradores, responsables del movimiento de la cavidad torácica y abdominal:


  • En la inspiración: 
  1. Principales: diafragma, intercostales y supracostales
  2. Accesorios: esternocleidomastoideo, pectoral mayor y menor, serrato, dorsal mayor y fibras posteriores sacrolumbares (en movimientos amplios y potentes)

  • En la espiración:
  1. Principales: intercostales internos
  2. Accesorios: abdominales, recto mayor y oblicuos (en espiraciones forzadas - como la tos o la risa -, o controladas - la voz o el canto -.
Si hay un exceso de tensión en estos músculos, principalmente en el diafragma (músculo protagonista de la respiración), el movimiento respiratorio está limitado y queda aire residual en el circuito; es frecuente la necesidad de suspirar como medida autorreguladora.

El diafragma


La estructura del diafragma se extiende a lo largo de una amplia sección del cuerpo. Su parte superior (centro frénico) parte del espacio situado entre la tercera y cuarta costilla; sus fibras inferiores se insertan en la cara anterior de la tercera vértebra lumbar.

Su forma abovedada se debe a los órganos que encierra y sostiene, sin los cuales su bóveda se hundiría. Cabe destacar que tiene una forma asimétrica ya que por la derecha el hígado lo empuja hacia arriba y por la izquierda el corazón lo empuja hacia abajo.


Durante la respiración el diafragma tiene un movimiento de ascenso y descenso que, además de ayudar al cambio de forma y volumen de la cavidad torácica  y abdominal, realiza un masaje en los órganos internos y que beneficia la circulación sanguínea y linfática (junto con los cambios de presión).

Al inspirar, el diafragma desciende y el centro frénico arrastra los pulmones, haciéndolos aumentar de volumen y las costillas se elevan, creándose una presión negativa que hace que el aire entre.

Al espirar, el centro frénico asciende, empujando los pulmones hacia arriba y las costillas descienden al relajarse los músculos inspiradores, lo que produce una presión positiva que hace que el aire salga naturalmente.


La importancia de la respiración

Para la producción de energía fisiológica la respiración es tan importante como la digestión, pues se produce cuando el oxígeno se combina con la comida. Por lo tanto, la calidad de nuestra respiración influye mucho en que nos sintamos energizados o no.

Cuando la respiración es equilibrada y serena, promueve la vitalidad en todo el organismo; pero si la respiración es poco profunda o desequilibrada, el cuerpo no obtiene todo el complemento vital de energía que necesita.


El estudio de las técnicas de control de la respiración han puesto de manifiesto experimentalmente que se produce una activación de la rama parasimpática (relajación) del Sistema Nervioso y una disminución efectiva de la rama simpática (alerta).

En términos coloquiales, esto viene a decir que la práctica de ejercicios de control y conciencia de la respiración aumentan la tranquilidad, la calma y el sosiego, contribuyendo a la disminución de los estados de ansiedad.


¿Cómo es tu respiración?

Colócate de pie, con la espalda recta y los hombros relajados; los pies paralelos y separados unos 20 centímetros.

Ahora pon una mano sobre tu pecho y otra sobre tu abdomen y durante un minuto, respira normalmente. Observa el movimiento de tus manos al inspirar y al espirar.

¿Cuál de ellas se mueve más? Si es la del pecho, tu respiración es pectoral y superficial; si se mueve más el abdomen, tu respiración es diafragmática, más profunda. 

La respiración normal en reposo debe ser una combinación de respiración diafragmática y pectoral. Algunos ejercicios respiratorios se centran en la respiración abdominal, que consume menos energía que la respiración impulsada por el pecho y los hombros.


Manos a la obra y...feliz respiración